La culpa
¿Por qué me siento culpable todo el tiempo?
Creo que, en casi el 100% de las personas que recibo en consulta, acaba saliendo este sentimiento: la culpa. Me llama la atención ver lo “universal” que es y ante cuantísimas situaciones aparece para encender nuestras alarmas.
Me gustaría que este post nos sirviera a modo de reflexión; ¿para qué sirve la culpa? Lo que suele pasar muchas veces, es que nos inmoviliza. Inicia en nosotros un discurso auto inculpatorio acompañado de algo de vergüenza que tiende a paralizarnos y quedarnos con la idea de que “algo estamos haciendo mal” o incluso de que “somos egoístas”.
¿Para qué sirve la culpa?
Mi visión y comprensión de la culpa, cambio tras leer el libro de Joan Garriga, “El buen amor en la pareja”, el cual trabajo mucho en consulta con mis pacientes y os animo a leer.
Este autor plantea algo interesante; la naturaleza no fabrica desechos, sino utilidades. Por ello, la culpa no puede ser algo que solo genere malestar y parálisis, sino que viene a decirnos algo, tiene un mensaje, a veces algo confuso, pero que tenemos que aprender a descifrar.
La culpa como gatillo
La culpa tiene una primera función de aviso. Cuando algo se desmarca de nuestro propio sistema de creencias o lealtades hacia aquello que solemos hacer, aquello que queremos o aquello que nos suele definir a nosotros o nuestra familia de origen, la culpa enciende su lucecita roja, nos avisa.
Crecemos en una familia que nos da una narrativa de vida, acerca de qué se espera de nosotros, qué es lo correcto y que no. Un conjunto de reglas mas o menos explícitas acerca de la vida y que, cumplirlas o no nos brinda pertenencia a ellos.
Crecer implica hacernos preguntas sobre esta narrativa y estas reglas. Nos toca cuestionarlas y decidir, qué me llevo, qué dejo, qué cambio. Este proceso en el que, tras un buen proceso de detectar, cuestionar, y elegir para poder reformular o cambiar, implica cierta soledad, incomprensión y cuestionamiento. Aquí suele aparecer la culpa que viene a decirnos ¿no estarás haciendo algo mal?
Está bien que nos cuestionemos, pero cuidado con dar por hecho que siempre nos va a estar juzgando e indicando que estamos haciendo algo mal.
La buena culpa
Interiorizar que también puede existir una buena culpa, puede generarnos mucha paz. Ir experimentado que ésta no es incuestionable y que muchas veces se confunde es importante.
Te invito a ir entrenando el “sostener la culpa”. ¿Qué quiero decir con esto?
Hacer algo que crees que es bueno para ti, que te cuida, a pesar de sentirte culpable. Hazlo y fíjate en qué pasa con la culpa.
Lo ideal es empezar con aspectos pequeños y que no nos expongan demasiado para ir sintiéndonos más fuertes a otras cosas mayores.
Esto podemos aplicarlo tanto en nuestras relaciones como en pequeños actos que tengamos muy integrados. Te pondré algún ejemplo sencillo.
¿Eres de las que no se puede ir de casa con la cama sin hacer? Yo te confesaré que un poco. Me genera malestar, algo de culpa por no llegar a todo. Sin embargo, detecto que hay días que, por hacerlo, quizá salgo de casa demasiado justa o es el inicio de acelerarme de más. ¿Te suena?
Te propongo que un día te expongas a ese malestar. Salgas de casa y te enfrentes a llegar a casa y ver la cama tal cual te despertaste. ¿Ha ocurrido algo?
Este puede ser el inicio de cuestionar un mandato y, sobre todo, de flexibilizar tu forma de funcionar para cuidarte.
Te invito a explorar cuánto viene a visitarte la culpa a lo largo de tus días y a intentar identificar el mensaje o mensajes que te traslada. No te los creas sin más, no siempre tiene razón, no siempre habla debe error y fallo. Recuerda que hay una buena culpa que habla de crecer, de cuestionar, de hacer las cosas a tu modo y esto, si te cuida, no puede ser malo.
No aceptes vivir con culpa. Si crees que en tu vida está más presente e que lo que te gustaría, creo que lo que realmente está tratando de decirte es que quizá estés en momento de reordenar y cuestionarte ciertos aspectos importantes que te están bloqueando.
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